“Del-horror-al-acto-analítico”

Gustavo Moreno
1- La publicación del texto me llena de alegría ya que constituye una de las joyas escondidas de esos años de enseñanza de Miller que restaban ser puestas en valor. Constituye una invitación a despertar, tanto por su consistencia y riqueza para la extracción de consecuencias clínicas, como, esencialmente, por la contundencia con que se formula la dimensión ética que inexorablemente toca al deseo que impulsa el acto que al analista concierne.
El horror del analista por su acto, al que Lacan hizo mención en el momento de disolución de la Escuela que creó, queda recortado de manera precisa en el recorrido argumental con el que Miller formula la vinculación entre suicidio/pasaje al acto/acto analítico.
2- Hace algunos años tomé contacto por vez primera con el texto, en uno de esos establecimientos dudosos. Trataba de reformular un programa que se me proponía para una especialización en psicología clínica. En el intento de provocar algo del orden de la inducción al psicoanálisis, esa de la que habla Miller en el Banquete de los analistas, me debatía interminablemente tratando de comprender cómo darle un giro a la demanda de transmisión de saberes bajo el sintagma: “patologías del acto”. El encuentro con el texto fue conclusivo en ese punto, precipitó la idea de que no hay bien decir en Psicoanálisis, respecto al acto, que no parta de poner en el banquillo al acto analítico.
3- Trabajo en una institución de Salud Pública que aborda problemáticas de la urgencia en adolescentes, definidas desde la Salud Mental. Intentamos orientar la práctica desde el concepto de urgencia subjetiva, propiciando una lectura lógica que ordene nuestra intervención a partir de intentar formalizar la dimensión del goce en juego en el desencadenamiento de cada urgencia. Se conjuga con cierta regularidad el encuentro de los practicantes con púberes y adolescentes que, por el hecho de que se interpuso algún azar caprichoso, fueron llevados a la institución luego de un acto suicida que resultó trunco. Lo que suele insistir en esas coordenadas, al menos en un primer momento, es que tanto la angustia como el intento de hacer entrar dicho acto en algún cálculo queda de lado de los practicantes. La encrucijada siempre bordea la posibilidad de entrada en un impasse. El texto es exquisito y orientador para poder pensar cuál es la apuesta que desde la ética del psicoanálisis es posible sostener en esas coyunturas. Antes de cualquier intento de hace entrar en el cálculo el acto en cuestión, antes de desear el bien del paciente deslizándose al infructuoso intento de prevenir una supuesta repetición, se torna necesario inventar una maniobra con la cual ofrecerse a ser tomado desde lo que podríamos llamar la vertiente libidinal de la transferencia. Solo en ese marco será viable que el pasaje por la palabra, abra la chance de que lo que fue certeza anudada a un acto se torne en algo de la dimensión del acto fallido, o del deslizamiento, esos con los que surge la dimensión con la que se nos hace posible operar.