El acto y sus efectos

Carolina Rovere
Hace falta, para que haya acto, que el sujeto mismo sea cambiado por ese salto (significante)[1], y al mismo tiempo el acto es como tal indiferente a su futuro.[2]
Jacques Alain Miller
El texto de Miller, que enmarca esta invitación a escribir bajo la rúbrica deseo de hallazgo, me confronta con una problemática que nos concierne desde muchas perspectivas.
Me interesa tomar una arista: la relación acto-pasaje al acto, ya que Miller retoma el planteo de Lacan de que el pasaje al acto tiene la misma estructura del acto, es más, que Lacan “piensa el acto a partir del suicidio, y hace de eso el paradigma del acto propiamente dicho”[3]. Es interesante lo que encierra la frase, es el acto el que tiene la misma estructura del pasaje al acto y no a la inversa. Entonces me pregunto, ¿cuáles son las coordenadas del pasaje al acto que encontramos en el acto?
En el acto hay un suspenso del fantasma, porque ¿qué otra cosa querría decir que el acto y el pasaje al acto tienen la misma estructura? Claro que no son lo mismo, para nada, pero lo que los conecta es ese impasse, allí no hay determinación del fantasma porque no hay escena ninguna; es decir, en ambos se trata una salida de la escena, algo se atraviesa, se transgrede. Por lo tanto el sujeto ya no es el mismo, y así el acto marca un antes y un después. Por eso, no hay futuro que pueda calcularse antes del acto, aunque sabemos que habrá consecuencias, sin duda.
En la práctica me encontré con un paciente de unos 50 años que viene a consultar por la gran dificultad en la que se encontraba debido a su adicción al juego, que lo había llevado a perder demasiado y posicionarse en situaciones de alto riesgo en su economía.
Tuvo su única novia siendo adolescente, una relación que duró muchos años y en donde él se ubicaba como sometido a esa mujer, que hoy puede decir: tenía rasgos crueles.
Nunca más pudo tener una pareja, cada vez que se acercaba a una mujer que le resultaba atractiva la veía fea. Se masturbaba compulsivamente fantaseando con mujeres casadas, mujeres de otros hombres.
Habla de un vacío que lo impulsa a ir a jugar, a perder, y solía decir: “si estuviera con una mujer no iría al casino”, frase expresada en una forma verbal condicional, imposible de verificar de antemano.
El trabajo analítico permitió conectar este “huir de las mujeres” con una escena infantil, marca traumática, en la que recuerda a su maestra que lo hizo pasar al frente haciéndole una pregunta retórica, que él no supo contestar, y que lo expuso cruelmente a la risa de sus compañeros.
Tres décadas después, esa mujer, su única novia, reaparece por las redes. Después de un tiempo ocurre lo que ubico como el acto: él le escribe y, sin más, la invita a tomar un café para “cerrar” el pasado. En la sesión siguiente está conmovido, se emociona, algo que nunca había ocurrido hasta ese momento.
Esperaba la sesión, había pasado algo, no se reconocía como siendo el mismo.
El acto está muy lejos de la dimensión romántica, de la novela. Justamente porque si tiene la misma condición del pasaje al acto, en ese momento no hay escena. La escena se rearmará después bajo otras circunstancias. Habla de un alivio, dice que no sabe si va a volver a verla, tal vez eso no es hoy lo que importa. Se sorprende porque no tuvo hasta el momento el impulso de jugar, y por el otro lado tampoco de masturbarse. Efectivamente la importancia del acto no radica en el futuro, algo allí se produjo, y tiene certeza de eso, el peso está ahí, no sabemos qué va a ocurrir, el sujeto siente que eso le basta.
NOTAS
- Ibidem.
- El paréntesis es un agregado.
- Miller, J-A. (1988). Jacques Lacan: Observaciones sobre su concepto de pasaje al acto. Publicado en Infortunios del acto analítico.