12 Nov 2023

Volverse partenaire

Deseo de hallazgo

Paula Vallejo

“…el acto está siempre en el lugar de un decir”.[1]
Jacques Alain Miller

La propuesta que recibí de ubicar “un punto de formación, experiencia o sorpresa que merece ser transmitida”, me llevó al apartado IV de “La dirección de la cura y los principios de su poder”[2] titulado “Cómo actuar con el propio ser”.

Lacan no se cansa de recordarnos allí “la carencia de ser del sujeto como el corazón de la experiencia analítica”[3]. Justamente, es la idea de un sujeto vacío, sin sustancia, la que lo orientará más allá de la identificación en la que habían caído los analistas postfreudianos. En ese momento hablará de un ser sin sustancia que funciona como lo que aloja eso que no tiene representación para el sujeto, esa falta en el Otro, referida al falo como el significante del deseo.

Más adelante, esa falta le permitirá volver operatorio el semblante de ser, en el lugar del agente del discurso analítico. Pero sin esa primera operación de vaciamiento, no habría maniobra analíticamente concebible. Ya aquí se lee la posición de Lacan contraria a la ontología.

Actuar con el propio ser remite a la estrategia de la transferencia y al cálculo necesario respecto de con qué semblante vamos a sostener el acto analítico. Un texto de Graciela Brodsky me permitió formalizar clínicamente esta cuestión.[4] Ella se pregunta allí en base a qué se hace ese cálculo. ¿Se hace en base al fantasma del analizante, al sinthome, al partenaire-síntoma, al deseo, al objeto de la pulsión?

Poner esta pregunta a trabajar en la propia práctica y a través del control me permitió ubicar la importancia de la movilidad del semblante como instrumento del acto analítico. Podemos interpretar introduciendo un corte, un equívoco significante, una tonalidad que hace resonar la pulsión, pero esto siempre implica un uso del semblante para alcanzar a tocar lo real de un goce desconocido por el analizante.

¿Cómo sabemos, entonces, con qué semblante operar en cada caso? Un modo de cernirlo es intentando localizar lo más singular del parletre, a partir de ubicar de qué goza cada quien. Así, en un caso, se tratará de mantener un semblante que contraríen a un Otro fantasmático, demasiado cruel; en otro caso, de encarnar al “compañero del deseo”, que siempre parece dirigido a aplastarse; en otro, de hacer presente la voracidad que consume al sujeto sin que pueda advertirla, o incluso de hacer semblante del pesar abrumador con el que vive un analizante su vida, producto de su no parar de pensar.

En todo caso, conmover la idea de que lo que opera en una interpretación siempre tiene que ver con lo que un analista efectivamente dice, para otorgarle más importancia al “desde donde lo dice” o incluso, a “lo que hace”, es lo que Lacan nos invita a ensayar cuando tempranamente nos propone formalizar una ética que “pone en su cúspide la cuestión del deseo del analista”.[5]


NOTAS

  1. Miller, J-A. (1988). Jacques Lacan: Observaciones sobre su concepto de pasaje al acto. Publicado en Infortunios del acto analítico.
  2. Lacan, J. (2002). La dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI.
  3. Ibíd.,p.584.
  4. Brodsky, G. (2015). Seminario clínico: La dirección de la cura. Resonancias Revista de Psicoanálisis del Nuevo Cuyo n°2. Buenos Aires, Grama.
  5. Lacan, J. (2002). La dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, p.586.