De las demandas, de rechazos y ofrecimientos

Lectura del Seminario

Silvia Puigpinós

Rehacer y confeccionar la escritura, de la secuencia de una clase, acerca del capítulo 6 del Seminario 19, me llevó a husmear recapitulando en los distintos tiempos de la enseñanza de Lacan; en cuanto a las concepciones y vueltas topológicas de la demanda a las que él fue proponiendo desde diferentes aristas. Me serviré de Donc[1], del recorrido que Miller allí toma del Seminario 6 designando el amor como función de la clínica. Sin embargo, hay una diferencia entre la función del amor y la función de las dos aristas de la demanda concebida por Lacan, que luego expondré.

La función del amor concede la articulación entre el objeto y la falta, porque el amor está allí en su relación con el objeto, su manera será la nada. Porque lo que Lacan llama amor como función clínica en este Seminario 6 es la relación del objeto con la nada (…) hay afinidades entre el amor y la castración; que luego pone de manifiesto en La significación del falo[2], dónde ubica también que, para el hombre no es fácil encarnar el Otro del amor, en cambio no es así para la mujer, pues sustituye el ser del hombre por este Otro del amor, que a su vez esté castrado. Por eso Miller, las va a llamar todas infieles al dar cuenta del engaño al hombre con él mismo. Entonces, Lacan distingue dos demandas: una, la demanda de la necesidad que pide algo y la otra, la demanda de amor que no pide nada.

Miller nos ofrece cierta consigna de su lectura del ternario lacaniano: privación – frustración- castración; en la que, la privación corresponde a la necesidad, la frustración : a la demanda de amor y la castración al deseo. De esta equivalencia dará cuenta la siguiente cita: lo que se extraerá de la dialéctica de la frustración es que siempre hay que dar lugar a la nada. En el escrito La dirección de la cura, Lacan nos advierte que “si el Otro en lugar de dar nada al niño, lo atiborra con papilla asfixiante de lo que tiene, funde sus cuidados con el don de amor”[3], entonces, el niño sustituirá la nada y por ejemplo será presa el niño de sucumbir en anorexia mental, en fuga, etc.

Luego Lacan irá elaborando el objeto de deseo como una amalgama entre algo y nada. Lo que llamará objeto “a” es el significante de algo en conexión con nada Si el amor entonces será el reino de la nada, mientras que el deseo será la insistencia de algo absolutamente particular y a su vez desapegado del Otro , he allí la angustia que provoca.

El recorrido que propone Miller se dirige al Seminario 11 encontrando otro sesgo del amor a través del aforismo “Porque amo en ti algo más que a ti, yo te mutilo”[4], donde va a ubicar muy sabiamente lo éxtimo como él lo subraya claramente. En la inversión de lo incondicional de la demanda de amor, allí donde el sujeto permanece dependiendo del Otro en el amor, lo conducirá a su vez al desasirse de este Otro y es lo que conlleva en el deseo provocando una emancipación de los signos de amor.

Por el lado del objeto, Lacan construye su invento, el objeto a, apoyándose, en parte en el objeto transicional, siendo este último un objeto desapegado del Otro, un trocito del Otro.

¿Dónde ubicaríamos a ese trocito, al objeto inventado por Lacan? En primer lugar, vale aclarar que, el objeto no se confunde con el objeto transicional y el objeto lo ubicamos en el inconsciente con la condición de estar desasido del Otro.

Volvamos al amor y a la demanda de amor. Nuevamente ratificamos la distinción entre la demanda de amor diferente a la demanda de necesidad. Y es por allí que comienza el circuito del amor que asevera Lacan, que tiene valor de prueba. Ese pedido de amor implica que ya no tengo. Más adelante, en el Seminario 19 Lacan va hablar de la carta de amor, que tiene una función fundamental en el amor. Nos conmueve reescribir lo que Miller dice de aquel o aquella que escribe una carta de amor: “Tú no estás aquí y en tu ausencia de mi y en mi ausencia de ti, estamos juntos, estás conmigo“[5] . Acerca de esto se justifica lo que Lacan denomina amor: dar lo que no se tiene.

El amor como don, pero como don a lo potlatch, demandará dar la propia falta el S(A/) y donde Miller lo entiende como la demanda de un significante que falta al Otro, llevándolo a que ningún objeto tiene su valor por sí mismo sino por el Otro y su falta. Con lo cual, como decíamos, del mundo de los objetos solo hay uno distinguido por Lacan y lo llama como vimos objeto aparte, justificando su invención, aunque al inventarlo va a apartarse un poco de la invención freudiana; a ese objeto lo ubicara en lo que le vehiculiza el decir de Freud y de lo que da cuenta la clínica analítica, lo que se dice en un análisis.

Hay para el niño un deseo que lo alcanza: ser el falo de la madre y que nace en ese hueco que existe en la madre, donde su falta en tener, proyecta al niño como deseo. Que sea para ella el sustituto de lo que no tiene. Comienza así la dialéctica entre la falta en ser y el deseo de ser. Lacan se sirve de una observación alrededor de la relación anaclítica donde el sujeto configura esa elección según el Otro y la relación narcisista donde el sujeto conforma según él mismo o a través de otro en el que se reconozca. Por otro lado, Miller no se priva de escudriñar en el escrito de Freud “La trasmutación de las pulsiones y especialmente el erotismo anal”[6] para dar cuenta de las equivalencias simbólicas, subrayando la de hijo = falo que constituirá, el pivote de este seminario 6. Pues en ese texto Freud elabora “una teoría precisa del nacimiento de la satisfacción pulsional”[7], que luego dará lugar a la teoría del goce. Por cierto, la pulsión no se dirige al otro sino al cuerpo propio ligada a las demandas. Por tanto, tenemos dos satisfacciones que luego se separan, por un lado, la satisfacción de la necesidad y por otro, la satisfacción suplementaria que se transformará en zona erógena según Freud. Posteriormente Lacan en su Seminario, avizora un interrogante: ¿cómo podrá satisfacerse el goce propio de la pulsión , a través del cuerpo del Otro? La decisión de Lacan de concebir la demanda de amor, demuestra que no incumbe en sí al objeto de la pulsión, porque se trata de hacia dónde se dirige y no lo que pide.

En realidad, no pide nada más que signos de amor. Por eso Lacan retoma la problemática de la demanda; vamos a incursionar alrededor de ella como lo expone en el capítulo 6 del Seminario 19 “…O peor”, con la sentencia aforística “Te demando que rechaces lo que te ofrezco porque no es eso”[8]. Me pregunto cómo esta frase, además de la rareza, da cuenta de las otras vueltas que va a dar, a las ya dadas anteriormente, para esta construcción que presenta Lacan a esta altura de su enseñanza. A la altura de otro aforismo que viene exponiendo No hay relación sexual.

Y con referencia al falo, el modo de articulación: cómo se articula en la masculinidad y la femineidad, cómo se dirigen y las dos mitades copulan en ellas por un significante. A esta altura de la enseñanza de Lacan podemos afirmar que no hay otra sexualidad que no sea fálica, la que suple a la no hay relación sexual.

Volviendo al aforismo antes mencionado, nos impacta, porque es una frase totalmente topológica que nos lleva a preguntarnos acerca de ¿qué consecuencias advienen respecto del psicoanálisis en intensión y en extensión?

¿Qué quiere decir ahí Lacan hacia el horizonte de los enjambres de otros discursos?

Porque así como el otro aforismo: Amo en ti más que tú (…) yo te mutilo[9] que da cuenta del efecto que eso tuvo sobre la cuestión del nazismo que previamente comenta en Seminario 11, donde habla de los efectos de la maquinaria nazi para segregar y matar “(…) donde son pocos los sujetos que pueden no sucumbir, en una captura monstruosa, ante la ofrenda de un objeto de sacrificio a los dioses oscuros”.[10]

¿Qué posibilidades interpretativas puede tener la frase: “te demando que rechaces lo que te ofrezco porque no es eso”? Y ¿qué en cuanto al don de amor? o ¿se trata de otro registro más ligado a la oferta de una mercancía en el que se ofrenda el sujeto humano?

Siguiendo esta trama del mercado y del capitalismo tardío que se encarnece con los lazos sociales y en la geopolítica de este mundo contemporáneo comandados por el odio y tan poco por el don de amor. Es en este mismo capítulo que Lacan recurre al potlatch a propósito del don entre las organizaciones sociales.

Aun así, todo el asunto es plantear que se trata de tres verbos de la frase que ha inventado. Se refiere a: pedir, rechazar y ofrecer que son ternarios que corresponden a Yo te pido que me rechaces lo que a vos te ofrezco.

Hay también un objeto que es el mismo para los tres verbos, sin embargo, no sabemos cuál es. Tenemos tres relaciones que se enganchan y un objeto entremedio que llama x. Es enigmático porque estos tres verbos no funcionan al unísono.

El analizante pide, pero él también pide que rechaces lo que él está diciendo porque no es así tal como es lo que dice. Advierte al analista que no hay que tomarlo literalmente. El pedido es que rechace lo que ofrece, en lo que dice porque ese en realidad, es su pedido.

Y ¿por qué? Porque se trata de otra cosa, que no sabemos aún qué es. Cuando alguien viene a solicitar una entrevista ¿Qué viene a pedir con lo que dice, con sus dichos? Cree saberlo por los dichos que lo anteceden en su historia, acaso cree estar en eso.

Pero en realidad no sabe lo que viene a pedir, aunque crea saberlo, con ese saber se encontrará luego y será el trabajo que como analizante ira descompletado de palabras, de ideales, de mandatos, que irán cayendo en las primeras entrevistas preliminares.

¿Qué es lo que motiva la demanda en el analizante? ¿Cómo se posiciona el analista para no responder a la demanda y sin embargo alojar al sujeto cada vez? Es la demanda, tan original de lo humano y al ser también un llamado que viene del más íntimo desvalimiento, desde ese lugar del no tengo, del desamparo ¿cómo se irá constituyendo el amor de transferencia?

Paciencia … no es tan de prisa.

Muchas veces solemos encontrarnos con otro panorama totalmente diferente, entonces viene muy bien volver a poner sobre el tapete la cuestión de la demanda. Porque en realidad -a veces- nos encontramos en los comienzos de análisis, con que la demanda es una orden y que funciona como sentencia, si se equipara a ese yo de la demanda, que se dirige al mercado.

Entonces ¿cuál será la respuesta desde ese yo, si no hay allí un sujeto? ¿Cómo se armará el cuerpo sin el don articulador del falo y sin el don del amor?

Siendo el mercado quien hace creer que la demanda de ese individuo es la respuesta a tal objeto, otro más y uno más hasta la repetición interminable del pedido de una satisfacción que no habrá. Aunque se engañe con un más allá de su reiteración, sustentado en la fantasía inagotable e ilusoria que le van a dar los gestores del mercado. Esa es la imposibilidad de la ilusión que mantiene el discurso capitalista. ¿Qué se quiere preservar y ocultar? No hay nada que no, el tope de la imposibilidad y el empuje a la forclusión del parlêtre.

¿Cómo se va constituyendo la demanda a medida que el sujeto al tomar la palabra va rectificando su posición? ¿Qué se va rectificando en su posición respecto al tomar la palabra?

¿Cómo en las entrevistas preliminares se produce la división del sujeto? ¿Qué es lo que sostiene y da lugar al sujeto del inconsciente? ¿Qué opera por el lado del deseo del analista, para dar cabida y propiciando la aparición del sujeto cuestionado y dividido, sustentado en la transferencia?

¿Qué es lo que motiva la demanda en el analizante? ¿Cómo se posiciona el analista para no responder a la demanda y sin embargo alojarla? ¿De qué otro modo?

Al final del capítulo 6 del Seminario 19, Lacan nos llevará a darnos cuenta que lo importante no es el sentido sino el nudo de sentidos que produce el objeto a. Ese es el nudo que va a introducir, por fin, el no-todo, Otro goce. Y aquí va ensayando lo que luego se transita en el seminario 20 acerca de la sexuación y lo hace incluyendo ese objeto de manera de ubicarlo en el calce del nudo entre los tres redondeles 10 y por no privilegiar alguno como condición borromea ya que no puede ser un todo.

Hemos escuchado decir tantas veces que el problema del objeto está dentro y fuera del lenguaje y Lacan lo ejemplifica con esta frase “Te demando que rechaces lo que te ofrezco porque no es eso”, este no es eso, apunta claramente a ese objeto que nadie nombra, aunque si lo alude y Lacan consiguió meterlo en ese “te pido que rechaces lo que te ofrezco”.


NOTAS

  1. Miller, J.A (2011). Donc -La lógica de la cura –1er ed -Buenos Aires:Paidós.p.244.
  2. Lacan , J. (2008). La significación del falo, Escritos 2. 2da ed-Buenos Aires: Siglo XXI ,p.661.
  3. Lacan , J. (2008). La dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos 2. Buenos Aires:Siglo XXI. Argentina.
  4. Lacan, J. (2010). El Seminario, Libro 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. 1er ed Buenos Aires: Paidós, p.276.
  5. Miller, J.A (2011). Donc -La lógica de la cura -1er ed -Buenos Aires:Paidós.p.244.
  6. Freud,S.(1915/17). La trasmutación de las pulsiones y especialmente el erotismo anal. Tomo II Obras Completas Editorial Amorrortu, p.2037.
  7. Freud,S.(1915/17). La trasmutación de las pulsiones y especialmente el erotismo anal. Tomo II Obras Completas Editorial Amorrortu,p.2036.
  8. Lacan, J. (2012). El Seminario, Libro 19 …o peor. Buenos Aires: Paidós.
  9. Te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti más que tú, el objeto a minúscula, te mutilo”. Lacan, J. (2010). El Seminario, Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós, p.276.
  10. Lacan, J. (2010). El Seminario, Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós